Instituto Obispo Silva Lezaeta -CALAMA - Región de Antofagasta

Título iniciativa: EVITAR LA PÉRDIDA Y EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS.

Definición alternativa:
“Vivimos en un mundo que bota comida, pero muere de hambre”.
La frase anterior apela a una realidad mundial donde, según un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “Pérdidas y desperdicios de alimento en el mundo”, alrededor de un tercio de la producción de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia en todo el mundo, lo que serían aproximadamente 1300 millones de toneladas al año. Según este mismo organismo, toda esta perdida y desperdicio de comida permitiría alimentar a 2.000 millones de personas.

En el mundo, según cifras proporcionadas por la FAO, 805 millones de personas sufren insuficiencia alimentaria, vulnerando así como civilización el derecho inalienable a la alimentación, la cual está consagrada en el artículo 25 de la declaración universal de los derechos humanos, que señala: “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y en especial la alimentación”, esto también lo podemos encontrar en el artículo 4 de la declaración de los derechos del niño, el cual indica: “El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación”

Si bien el daño generado por esta actividad nos puede parecer lejano, el estudio “Pérdidas y Desperdicios de Alimento en el Mundo” realizado por la FAO y el estudio “Food Wastage Footprint: Impacts on Natural Resources”, documento que analiza los impactos globales del desperdicio, nos dejan en claro los efectos mundiales que genera la situación antes descrita, la cual es grave principalmente por:

• El cuestionamiento ético asociado a la realidad de alrededor de 805 millones de personas en el mundo, las cuales no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa.
• La pérdida de recursos utilizados en la producción de alimentos tales como tierra, agua, energía e insumos, las que terminan por provocar emisiones innecesarias de CO2, gas que genera una huella de carbono estimada en 3.300 millones de toneladas.
• Pérdidas en el valor añadido de los alimentos producidos.
• Y por último, la acumulación de basura orgánica, proveniente mayoritariamente de las tan desperdiciadas frutas y verduras, actividad que fomenta la producción de metano, un potente gas invernadero que contribuye al calentamiento global del planeta.
A todo lo mencionado, debemos sumarle que la producción global de comida es responsable por más del 80% de la deforestación, el 30% de emisiones de gas de invernadero generadas en el mundo y del 70% del consumo de agua fresca, lo equivalente a una huella hídrica azul superior a los 250 km3. Finalmente, alimentos producidos en vano ocupan casi 1,4 mil millones hectáreas de tierra.
Según los últimos informes de la Organización de Naciones Unidas, reducir el desperdicio es esencial en un mundo donde se estima que la población humana pasará de los actuales 6,7 billones de habitantes a cerca de 9 billones para el 2050. Afortunadamente, iniciativas como los bancos de alimentos y las campañas en torno al aprovechamiento de la comida, hacen creer que este tema se está volviendo cada vez más importante. Sin embargo, frenar la pérdida y el desperdicio es una tarea de los Estados, que deben encargarse de promover políticas de resguardo de los recursos a todo nivel, desde la educación de la población hasta la adquisición de tecnología que permita aprovechar todo el potencial de los alimentos.

En el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en enero de 2015 se aprobó en Costa Rica el Plan de Acción de la CELAC para la Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre 2025. La reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (PDA) es una de las líneas de acción del mencionado plan, y que está relacionada directamente con el Derecho a la Alimentación.

Ejemplos más concretos serían Francia, Perú y Argentina quienes son solo algunos de los países que ya han implementado distintas medidas en torno al tema. Francia, por ejemplo, ha aprobado la Ley de Transición Energética, que pretende acabar con el despilfarro de productos para reducir el consumo de energía. Por otra parte, Perú legislo una ley que obliga a las empresas procesadoras y comercializadoras de alimentos que cuenten con un área de exhibición superior a los 400m2, a no destruir alimentos que no logren vender, los cuales serán donados a organizaciones de beneficencia ya sea para el consumo humano o de animales, así mismo, los alimentos que no sean aptos para el consumo y los residuos de producción, serán donados a entidades con capacidad de aprovechamiento sustentable y generar un manejo adecuado de los residuos de cultivos agrícolas (post-cosecha) y de animales (estiércol), contribuyendo a generar productos con valor agregado (bio gas y bio fertilizante) y a la vez a mejorar las condiciones ambientales y sanitarias, el control de la contaminación y la generación de sistemas productivos integradores y eficientes.


Propuesta legislativa:
Según la OCDE. Nuestro caso es atípico, ya que somos el único país latinoamericano que desperdicia alimentos a la par de los países desarrollados, de hecho, indagando más en el caso de nuestro país, nos encontramos con el reconocido académico Tristram Stuart, quien señaló que, de acuerdo con los datos de su investigación, los comercios chilenos trabajan con un 58% más de la comida que realmente necesitan, es decir, realizan un desperdicio calculado y no inconsciente. A esto debemos sumar que, según el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca, las conductas de los chilenos al momento de consumir estos alimentos agravan la situación, ya que, en términos globales, para casi la totalidad de los entrevistados (94,9%) el botar comida acumulada en el refrigerador es una práctica normal. Cifras que se transforman, Según datos del 2005, en un 43% del desperdicio municipal.

En relación a estos números, se debe considerar que Chile no está en condiciones de perder recursos en desperdicio alimentario. Esto pues, somos un país con una gran parte de la población con ingresos bajos, el 70% de los trabajadores chilenos perciben menos de $426.000 pesos líquidos. Además, según la Corporación Red de Alimentos, 1 de cada 7 chilenos sufre de insuficiencia alimentaria. Hecho que se podría ver apaciguado si evitáramos malas prácticas como la desmesurada perdida de comida, la cual, de acuerdo a un estudio relacionado a la pérdida durante los procesos de producción, transporte y venta, realizado por la FAO, genera, solo en productoras y vendedoras chilenas, al menos 27 mil toneladas de pérdida al año por malos manejos en su producción, y esto solo en arroz, papas, lechugas, merluza y jibias.

En suma, a la realidad nacional le urge que se tomen medidas multisectoriales que signifiquen un ahorro importante para toda la población y necesario para el 14% de esta que vive bajo la línea de la pobreza. Por estas razones, es fundamental adoptar una política nacional de reducción de pérdida y desperdicio que convoque a todos los actores sociales, siendo el estado un ente fiscalizador de la ley y promotor de su desarrollo, por lo tanto nuestra iniciativa de ley apunta a un:

PROYECTO DE LEY PARA LA REDUCCIÓN DE PÉRDIDAS Y DESPERDICIO ALIMENTICIO: Modifícase el Código Sanitario: Libro IV de los productos farmacéuticos, alimenticios, cosméticos y artículos para el uso.

Agréguese los siguientes artículos:

A.- Artículo 106.- Objeto de la ley: sin prejuicio de lo señalado en los artículos anteriores, los alimentos o productos alimenticios no vendidos no se podrán destruir.
Se prohíbe a las empresas productoras, procesadoras y comercializadoras de alimentos que cuenten con un área de exhibición superior a los 100m2 a destruir o desperdiciar alimentos que no se logren vender, no obstante que hayan perdido su valor comercial debido a circunstancias como mal embalaje, envases dañados o defectuosos, mala rotulación, defectos estéticos o proximidad del vencimiento, estén aptos para el consumo humano. También incluyendo los productos en mal estado, como alimentos ya vencidos y no aptos para el consumo humano. La Secretaría Ministerial de la Salud será la encargada de fiscalizar el cumplimiento de dicha ley.

B.- Artículo 107: La donación será obligatoria y jerarquizada.
Todos los alimentos especificados en el artículo 106 deberán ser donados de manera obligatoria por parte de estas empresas y con una jerarquía especificada. Primer nivel la donación de alimentos aptos para el consumo humano a instituciones benéficas, bancos de comida y/o ONGs. Después serán destinados al consumo animal. Y como último nivel será la donación de alimentos no aptos para el consumo y residuos de producción, a entidades con capacidad de aprovechamiento sustentable, como compostaje y energía.

C.- Artículo 108: Creación de campañas de sensibilización contra el desperdicio de comida.
La repartición del Estado encargada de dichas campañas será el ministerio de agricultura que tendrá la obligación de educar a la población en materia de la planificación familiar a la hora de comprar y consumir alimentos con el objetivo de que la población compre de manera responsable y consciente para que no incurran en desperdicios. Aquí se podrán afiliar privados para apoyar al cumplimiento del objetivo.

D. Artículo 109:
Será deber del estado disponer de asesoramiento técnico para quienes lo requieran a fin de crear bancos de comida y/o entidades con capacidad de aprovechamiento sustentable, como así también deberá facilitar el asesoramiento a quienes deseen expandir o mejorar su funcionamiento.